jueves, 6 de marzo de 2014

La Protesta

De todas las acciones humanas, una de las más complejas (quizá la que más) es dialogar. Su complejidad radica en que el pensamiento es sustancia y cualquier cambio que experimente (por ligero que sea) se vive como una amputación. El diálogo bien entendido es el medio para llegar a un acuerdo, por lo tanto el participar en uno, debería implicar la aceptación tácita de una potencial -y algunas veces inminente- renuncia voluntaria de algún miembro, sin que ello suponga, desde luego, perder el cuerpo entero. 

La protesta, en una sociedad, es una forma de diálogo y ambas son expresiones propias de un sistema social democrático, por ello únicamente tienen lugar en uno. Es decir, se puede dialogar sin querer protestar pero no se puede protestar sin estar abierto al diálogo y eso sucede por la misma razón que nunca se utilizaría una protesta para pedir más corrupción en las instituciones; porque se trata de una estrategia de la democracia que es exclusivamente utilizada para exigir una mejor calidad democrática. 

Mientras más descompuesto esté un sistema, más deterioradas estarán sus instituciones y el trato al ciudadano. Es decir, se tratará de un sistema con una calidad democrática tan baja que de forma natural, rechazará opacando, descalificando y reprimiendo cualquier manifestación de protesta. En una sociedad como esa, más que en cualquier otra, es de suma importancia que la protesta exista y que, dado el descontento uniforme existan también, distintas alianzas ciudadanas que definan y persigan cada una, objetivos claros que estén siempre dirigidos a mejorar la calidad democrática de todo aquello que la ha perdido.

La protesta ciudadana en una sociedad con una baja calidad democrática, se trata de un diálogo siempre en desventaja, que supone el empleo de una energía individual que sólo unificada y dirigida con inteligencia será fructífera. Comprender que el deterioro de una sociedad se trata de una involución gradual que ha llevado su tiempo, servirá de mucho para aceptar que toda regresión sistemática sólo se puede detener y revertir, con una organización mantenida en el tiempo que trabaje de forma igual de sistemática.

Algunas veces el rechazo hacia el diálogo proviene del errado concepto que se tiene de él y la revisión de ese concepto es, en sí mismo, un doloroso cambio de paradigma, que ocurre incluso antes de entrar en materia. Comprender que el éxito de un diálogo no está necesariamente determinado por el cambio inmediato que produzca, si no por los cambios progresivos que propicie y la cantidad de partes que a través del tiempo se unan y participen en él, es necesario para empezar a considerar la estrategia como una opción a aplicar. Y es necesario que esa estrategia se considere, porque esa y no otra, es la opción democrática. Para tener las cosas claras; en una sociedad democrática, los detractores del diálogo son los mismos que están en contra de la protesta cívica. Lo otro, es una paradoja de la que difícilmente se podrá salir y por lo tanto, poco podrá conseguir.

sábado, 1 de marzo de 2014

La Justicia

La mejor forma de vivir en una sociedad, es que cada quien actúe como se supone que deba actuar. Es decir, si Ud. es digamos, una costurera, lo que se espera de Ud. es que actúe como una costurera.  La costura es un complicado oficio que requiere altos niveles tanto de exactitud como de sensibilidad. Es por esto que lo que se espera de alguien que se dedique a ello es que se trate de una persona sutil, detallista, cuidadosa, que sea una obstinada defensora de su ideario artístico-funcional. Si Ud. es una costurera, lo que se supone es que Ud. en su cotidianeidad hable como una costurera, camine como una costurera, diga buenos días y tome el café como una costurera; en definitiva, que se comporte como lo que es, como una costurera.

Así mismo debe ser, si se diese que Ud. por el contrario, formase parte de una fuerza de seguridad del estado, en cuyo caso, se supone que tendría el deber de actuar como tal. Es decir, si Ud. fuese una fuerza de seguridad del estado, se supone que Ud. se deba manejar día a día con una significativa hostilidad hacia el mundo. Que se dirija y responda con la superioridad con la que se siente con respecto a los demás. Es decir, si Ud. es una fuerza de seguridad del estado, en cada acción que Ud. ejerza, debe de quedar constatado, sin lugar a dudas, el desprecio que se supone que deba sentir por todo ser humano que no forme parte de la fuerza de seguridad del estado.

Yo sin ir muy lejos, no me atrevería a preguntarle a una funcionaria de las fuerzas de seguridad del estado, qué efecto tiene en ella la luminosidad en la obra de Reverón cuando la contempla; porque si yo me atreviese a hacerlo, esta funcionaria se tendría que ver en la obligación de molerme a golpes y disfrutar de la tunda que me iba a tener que propinar hasta dejarme convaleciendo porque estaría actuando como se supone que tiene que actuar, aunque ese comportamiento estuviese al margen de la ley.

Ahora bien, si yo llevase por ejemplo, mi caso hipotético al poder judicial lo que se supone es que éste, en su función de órgano administrador de la justicia, proceda como tal. Es decir, que con objetividad, ecuanimidad y sensatez, sepa entender lo sucedido; defina quién es la víctima y quién el victimario y aplique una justa medida al que lo merezca. Sería un verdadero despropósito que el sistema jurídico no actuase como se supone que deba hacerlo, porque eso podría acarrear muy grandes sin sentidos como que salga yo del juicio, siendo la culpable de haber sido violentada y encima, tenga que cumplir condena por ello.

En una sociedad, al menos estadísticamente, siempre hay una gente que se supone que tiene actuar fuera de la ley, y para eso está la ley, para amparar al afectado y sentenciar, con justicia, al transgresor. El nivel de distorsión de una sociedad no se mide en la cantidad de personas que transgreden la ley, si no en la calidad de los organismos que la apliquen, porque si estamos hablando de una sociedad plagada de organismos e instituciones que no actúan como se supone que deban actuar, entonces de verdad, esa sociedad es un completo sin sentido y así no hay quien viva en ella.

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lunes, 24 de febrero de 2014

La Anestesia

Cerca de mí hay alguien que, con cierta frecuencia, unas de las cosas que suele decirme es que debí haber estudiado leyes. Eso lo dice porque generalmente cuando tengo una opinión, suelo argumentarla. La realidad es que las habilidades que tengo para la abogacía no son superiores a las que cualquier otro mortal que tampoco sea abogado pueda tener, pero así de entusiasta es esta persona. Una muestra muy pequeña y superficial de algo, le sirve para llegar a grandes conclusiones e incluso, tomar importantes decisiones y llevar a cabo, significativas acciones. La afirmación sobre mí no es el caso, desde luego, pero hablo desde lo abstracto.

El problema de ser tan entusiasta es que se suele potenciar a la emoción por encima de la reflexión, cuestión que suele sesgar el raciocinio y eso, en un contexto social como el actual, por ejemplo, suele devenir en un peligroso arribismo. El placer de entregarse a las pasiones es hermoso y hacerlo en colectivo, se podría decir que es una experiencia casi religiosa sublime e indescriptible. El detalle es que cuando la sociedad está urgida de un cambio es porque, de alguna forma, durante un cierto tiempo, ha estado anestesiada y lo principal para ese cambio, es hacer que despierte y es extremadamente seductor pensar que ese despertar, va a ser producto de una simple exacerbación de lo pasional, sin caer en cuenta en que, la histeria colectiva, es otra forma de anestesia, similar a la que produce por ejemplo, una droga como la cocaína. La diferencia entre un anestesiado con epinefrina y uno por cocaína es que el segundo, parece que no lo estuviera. Pero la verdad es que la consciencia, en ambos casos, está comprometida y eso es algo que no sólo inhibe de llevar a cabo un comportamiento lógico y razonado, si no que lo más importante es que atenta contra su bienestar y el de los demás. El primero porque carece de capacidad para cuidarse y el segundo, porque no sólo carece de esa misma capacidad de auto preservación, si no que intensifica impulsos tan delicados y poderosos, como el agresivo. Y eso, como todos sabemos, sólo tiene un resultado. Tanto en él, como en los demás.

Honestamente creo que el camino para el cambio que necesita esta sociedad es largo, aburrido y encima requiere un esfuerzo intelectual sostenido e inmenso y está muy lejos de implicar esta acción hollywoodense como movilizaciones de una masa sin rumbo hacia objetivos mágicos, donde se dan lugar a espacios y situaciones incontrolables que propician atrocidades en las que sólo se reflexionará, una vez pasada la impasibilidad que produce todo anestésico.

Dar fortísimos cabezazos continuadamente contra una pared para tumbarla, es apenas distinto a no hacer nada por la misma causa. Por ello, si Ud. es de quienes les gusta no hacer nada haciendo algo, le propongo entonces ponerse a rezar. De esta forma tampoco estará haciendo nada, pero por lo menos, Ud. y sus compañeros, saldrán ilesos de ello.

jueves, 23 de junio de 2011

Cosas de niños

Leo en un artículo que un caballero de 25 años murió a causa de 7 impactos de balas. El asesinato es el susto que -por favor- había pedido su novia a unos amigos le dieran al chico, por haber publicado fotos privadas de ambos en Internet.

Lo que hasta aquí no se puede poner en duda es la amistad de la chica con sus amigos, quienes como valor agregado, en vez de uno le dieron 7 impactos al hombre. (Impactos de balas, eso sí. Pero impactos al fin). Así pues, hoy en día la dama se puede dar el doble de complacida porque a aparte del favor concedido, tuvo sin querer la oportunidad de sellar con sangre una amistad entre quienes de aquí en adelante -se presagia-, tendrá muchas cosas en común.

Con respecto al resultado, hay quien dice que la chica no quería llegar tan lejos. Hipótesis cuestionable porque a menos que quieras exactamente lo contrario, de la misma manera que no se te ocurriría nunca pedirle a un tigre que fingiera atacar a un jabalí, no le pedirías a alguien que tiene un arma de verdad que simule –por favor- usarla en escenas de mentira. Claro que eso –hay que aclarar- lo pensamos nosotros. Los mismos que generalmente no nos tomamos la licencia de dar escarmientos a nadie, ni pensamos que la mejor forma de resolver problemas sea dar sustos y mucho menos, que incluyan armas.

Dicho esto, la hipótesis ahora no parece tan disparatada. Probablemente es cierto, la chica no quería llegar tan lejos. Aunque si la cuestión es así, todo el asunto se reduce a una cosa de niños.

El cuadro general es inquietante. El novio era un Policía Nacional que publicó fotos íntimas en internet, una actitud inmadura en toda regla: esa que diluye la línea que divide lo pertinente de lo que no lo es. La novia, que a juzgar por sus intenciones y los favores que pide, comparte esa actitud infantil. Y sus amigos, incapaces de decir no ante semejante petición, desde luego no son mucho más maduros.

Uno de los problemas de una sociedad inmadura, es que es una sociedad potencialmente violenta, en el sentido de que desconoce el procedimiento lógico de resolución de conflictos y posee una sensación individual de omnipotencia –propia de la época infantil- bastante peligrosa.

Lo alarmante de los 3 casos aparte de la inmadurez, es que legal o ilegalmente, directa o indirectamente, todos tenían acceso a armas de fuego y como es bien sabido, generalmente no se tiene un arma para no usarla. La necesidad que impulsa a la adquisición de una, frecuentemente es la misma que impulsa a usarla una vez que se tiene. (Como el tigre de antes, que no tiene garras y colmillos para nada).

No saber controlar impulsos agresivos –naturales- de pequeños es algo. No saber controlar impulsos agresivos de adultos –igual de naturales, pero distintos en proporción- y manejarlos como si de un niño chico se tratase, es otra cosa.

Del caballero podría creer que ha muerto para renacer y vivir una segunda oportunidad de disfrutar –en el momento adecuado- el temporalmente justificado desconocimiento entre lo que es pertinente o no hacer. Pero no confío en ello.

Por lo demás, a la chica y a los amigos les espera la cárcel. Una cárcel, que para mal de males, es una cárcel Venezolana. Sitio que puede o no ser todo lo que usted se imagine, pero sin duda alguna, no es sitio para niños.

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lunes, 2 de mayo de 2011

La otra cosa

Tengo la creencia de que las palabras y el dinero -dos cosas tan disímiles entre ellas- comparten propiedades. Así como el billete lleva impresas palabras en él, las palabras llevan también implícitas un valor (como el billete, el suyo). A ese valor como no es monetario le llamaré, valor informativo. La propiedad que comparten la economía y la dialéctica sería entonces, la de la conservación del valor.

El asunto obedece a dos principios, el primero; es que ni el dinero ni las palabras son cuestión biológica, de lo contrario harían mitosis. El segundo es que ambos -entendemos- no son en sí mismos, sino la representación de otra cosa.

Ahora, cuando tengo un mensaje comprendo que éste tiene un valor informativo global, por lo que cada una de las palabras que lo componen tienen un valor informativo unitario exacto. La multiplicación de este valor informativo unitario, no dependerá de la multiplicación de las palabras sino del valor informativo del mensaje.

De ésta manera (1) Si el valor informativo global es alto, la multiplicación de palabras implicará la multiplicación del valor informativo unitario, por lo que el agregado de palabras enriquecerá el mensaje principal. Caso distinto es, (2) si el valor informativo global es bajo, donde la multiplicación de palabras devendrá en la división del valor informativo unitario. En esta circunstancia, una multiplicación muy alta de palabras dejará a las unidades con un valor tan pequeño, que el mensaje terminará por debilitarse o por diluirse del todo.

Con el dinero pues, sucede lo mismo. El billete -se sabe- es la representación de otra cosa. Si esa otra cosa es al billete, lo que el mensaje global a las palabras, tenemos que el valor del billete dependerá del valor total de esa otra cosa que representa. Así, de manera inequívoca un alto valor de esa otra cosa será favorable para el valor de cada billete y un valor bajo, será perjudicial.

Se entiende entonces que el valor del dinero y el de las palabras, será siempre favorecido en tanto lo que representen constituya en sí mismo un valor considerable. Si mi mensaje es de poco valor de nada servirá agregarle un 25% más de palabras al discurso, porque aparte de decir menos lo haré con más palabras.

Cuando lo que se tiene es un discurso pobre lo que se debe cambiar no son las palabras en sí, sino esa otra cosa que está encargado de representar y esto, oiga usted, es una verdad como una casa y además harto conocida por los que pueden hacer algo al respecto, pero de la que ninguno -especialmente de ellos- quiere hablar.

Triste, es verdaderamente muy triste, por muchos billetes de 100 que vea ahora en su billetera, que dicho sea de paso -me atrevo a afirmar- de seguro no serán muchos.

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viernes, 25 de marzo de 2011

La Pesadilla

Henry Fuseli pintó en 1781 La Pesadilla. Allí escenificaba la intrusión de un demonio en el sueño femenino. No fue el único cuadro que pintó al respecto, pero sí el más emblemático de su interés en el tema. En la pintura una mujer está tirada, inconsciente y sensual y sobre ella, está un demonio en cuclillas. A la izquierda de espectador, un caballo.

Al ver la pintura se deducen el drama y el erotismo como intereses del artista, así como también el terror y lo nocturno. No obstante, si algo manifiesto hay en el cuadro es la particular inquietud del pintor por el tema principal. Se sabe que la parálisis del sueño es la molestia específica que se representa en la obra y cuando se la ve, se percibe fascinación hacia el asunto (que para entonces el saber popular atribuía a un demonio que se sentaba sobre quien dormía y le inmovilizaba). Algo incita a sospechar que muy probablemente Fuseli la padecía. En todo caso, que el fenómeno constituyese -por la razón que fuese- un foco de atención e interés en él, es incuestionable. De allí la preocupación y el afán por su reproducción. 

230 años después, soy partícipe -por proximidad- de una conversación en la que un muchacho contaba que le había pasado algo muy raro; había tenido un sueño en el que alguien lo sostenía y no podía moverse sino hasta que la persona que lo presionaba se fue, -era desesperante y muy extraño, como si estuviera despierto- dijo y yo le entendí, porque eso a mí me pasa desde que tengo uso de razón. Es común -contesto- y la explicación es que tu cerebro sueña sin estar dormido del todo.

-¿Sí?
-Sí (...)

Él, con claro escepticismo hacia lo que digo y con muchas más ganas de hablar que yo, me contó que era primera vez que le pasaba esto y que a quien le había pasado era a su hermano, que cuando se despertó estaba todo rasguñado y nadie sabe cómo se lo hizo(...) También existe algo llamado sonambulismo -le cuento- a lo que responde con evidente convicción: a mi me habían dicho que eso sucedía cuando las brujas se enamoran de un hombre y lo fastidian mientras está durmiendo(...) Me callo y le miro sin prácticamente ningún gesto en la cara, a lo que reacciona: eso dicen, hace una pausa y continúa con su explicación.

Y aunque parezca mentira, yo en esa conversación, ni hablaba con un pintor, ni había retrocedido a la Europa de 1781. Estaba en el 2011, en una Universidad, en la Facultad de Ciencias, hablando con un estudiante de 9no semestre de Psicología, en medio de una anécdota que me habría gustado -de ser posible- escuchar hace 2 siglos atrás, o como mínimo de la boca de un artista inspirado a punto de iniciar una importante obra; el cuadro donde reproduce el más explícito reflejo de una psique hundida en un alucinatorio mundo interno siempre al servicio del arte y no de boca de quien debería estar al servicio de la ciencia, que cuando se topa con lo que le dará de comer mañana, pareciera que habla de los deseos sexuales de un suizo de creencias satánicas con sus mismas molestias oníricas.

Yo, por si acaso miro a los lados, no vaya a ser que me encuentre un caballo mal parado, mirando cómo hay veces que prescindiendo de demonios, la mente permanece inmóvil, sin importar cuanto gire el mundo alrededor. 

jueves, 9 de diciembre de 2010

La mentira actual

El otro día tuve una conversación bastante extraña con alguien que me dijo que había recibido un taller impartido por un superior, relacionado con la prevención y disminución de la violencia en las escuelas. A ella –según me dijo- no le gustó mucho el primer día, pero el segundo estuvo muy bueno y aprendió bastante.

No sé de qué hablarían en el anterior, pero en ese, hablaron de unas de las más importantes causas de la agresividad en los niños y en la gente en general; los mensajes subliminales en la música y los videojuegos. Cha chan.

Maldito Marilyn Manson –pensé- aferrada a un paradigma ya anticuado. Pero la situación mira tú, es mucho más inquietante. Los mensajes estos –como todo- ya están globalizados, viajan en un mejor flujo de información y ya llegan satisfactoriamente a mucha más gente que a los 3 seguidores del americano.

Oye ¿y allá ellos te dijeron que no debías escuchar esa música?- No, ellos no te van a decir qué debes o no hacer, ellos simplemente te dicen lo que sucede… como un consejo y tú ves si lo agarras o no. (Claro, lo normal. Cuando dices: Si no te duermes, te lleva el coco, tú lo que estás es comentándolo, que tu niño le tenga miedo al coco ya es casualidad)

A mí hasta este punto ya me habían perturbado varias cosas. Muchas. Demasiadas:

Como la agresividad y violencia hoy en día no se escatima, para empezar a disminuirla lo mejor –todo modificador de conducta lo sabe- es la opresión. ¿Por qué? Pues porque está archi-comprobado que poco, muy poco tiene que ver la funcionalidad de una familia, la de la escuela, la de la sociedad en la actuación de un individuo, en comparación con lo que no escucha. Por eso cuando ese actuar se ve afectado, lo más lógico es que se evite escuchar lo no escuchado. Y estoy tan cuerdo de la cabeza, que soy capaz de ponerme a escuchar los LP’s de atrás hacia adelante, para conseguir las pruebas verídicas de que lo que digo es cierto. Porque eh, si de alguna habilidad carezco, no será la de poder reconocer la palabra Matar o Satán en Rewind. Que lo sepas.

Pero todavía faltaba más.

El tipo que da el taller por cierto, es pastor en una iglesia Maranatha, que tiene además el detalle de no ligar la religión con el trabajo, porque no le gusta. Tiene fundaciones que ayudan a gente, como a los alcohólicos… Sabe todas esas cosas de los mensajes en la música, porque estudió algo relacionado con producción. Y a mi me suena que a él la palabra se le da muy bien, porque habló de que habían muchas comiquitas que promovían la violencia y que Dragon Ball por ejemplo, era patrocinante oficial. Que los videos juegos son malos, porque ahí salen cosas que coges y ni te enteras y luego andas por la vida matando gente sin ton ni son. Que en la lata de las bebidas pone sexo para que te atraigan más y dijo que en el mundo artístico-musical los que metían en su música los mensajes estos, entre otros eran: Maná, Diego Torres, Ricky Martin, Chayanne… ¿Chayanne?  

Y en este punto de la conversación -debo admitir- empecé a tomarme la situación en serio. Y no me refiero a lo anacrónico que es todo el fulano tema de los mensajes a estas alturas en la que estamos, ni de lo que hoy en día se afirma y se comparte como herramienta para disminuir la violencia, ni de lo que se cree es la génesis de esa violencia, ni de cómo se manipula a la sociedad, ni del vacío de conocimiento que sostiene la credulidad, ni de absolutamente ningún otro de los alarmantes tópicos que constituyen el asunto, que son bastantes. Hablo puramente de lo cabrón que hay que ser para pensar y decir que Chayanne –ese, el que tú y yo conocemos- te va a inducir a la violencia.

Si el asunto me trastorna tanto, creo que es porque una cosa es que una gente se elabore una farsa, se la trabaje, la maduren, y luego al final, después de controlar todos los frentes, te engañen. Pero que el nivel de subestimación sea tan bajo y además cierto, jode. Que la mentira actual sea tan poco elaborada, preocupa y preocupa aún más que funcione.

Yo antes de zanjar la conversación le pregunto si ella de verdad piensa que Chayanne puede ser capaz de meter mensajes subliminales en las canciones, a lo que me responde con seriedad: Sinceramente sí, porque Shakira lo hace.