Tengo la creencia de que las palabras y el dinero -dos cosas tan disímiles entre ellas- comparten propiedades. Así como el billete lleva impresas palabras en él, las palabras llevan también implícitas un valor (como el billete, el suyo). A ese valor como no es monetario le llamaré, valor informativo. La propiedad que comparten la economía y la dialéctica sería entonces, la de la conservación del valor.
El asunto obedece a dos principios, el primero; es que ni el dinero ni las palabras son cuestión biológica, de lo contrario harían mitosis. El segundo es que ambos -entendemos- no son en sí mismos, sino la representación de otra cosa.
Ahora, cuando tengo un mensaje comprendo que éste tiene un valor informativo global, por lo que cada una de las palabras que lo componen tienen un valor informativo unitario exacto. La multiplicación de este valor informativo unitario, no dependerá de la multiplicación de las palabras sino del valor informativo del mensaje.
De ésta manera (1) Si el valor informativo global es alto, la multiplicación de palabras implicará la multiplicación del valor informativo unitario, por lo que el agregado de palabras enriquecerá el mensaje principal. Caso distinto es, (2) si el valor informativo global es bajo, donde la multiplicación de palabras devendrá en la división del valor informativo unitario. En esta circunstancia, una multiplicación muy alta de palabras dejará a las unidades con un valor tan pequeño, que el mensaje terminará por debilitarse o por diluirse del todo.
Con el dinero pues, sucede lo mismo. El billete -se sabe- es la representación de otra cosa. Si esa otra cosa es al billete, lo que el mensaje global a las palabras, tenemos que el valor del billete dependerá del valor total de esa otra cosa que representa. Así, de manera inequívoca un alto valor de esa otra cosa será favorable para el valor de cada billete y un valor bajo, será perjudicial.
Se entiende entonces que el valor del dinero y el de las palabras, será siempre favorecido en tanto lo que representen constituya en sí mismo un valor considerable. Si mi mensaje es de poco valor de nada servirá agregarle un 25% más de palabras al discurso, porque aparte de decir menos lo haré con más palabras.
Cuando lo que se tiene es un discurso pobre lo que se debe cambiar no son las palabras en sí, sino esa otra cosa que está encargado de representar y esto, oiga usted, es una verdad como una casa y además harto conocida por los que pueden hacer algo al respecto, pero de la que ninguno -especialmente de ellos- quiere hablar.
Triste, es verdaderamente muy triste, por muchos billetes de 100 que vea ahora en su billetera, que dicho sea de paso -me atrevo a afirmar- de seguro no serán muchos.
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Se entiende entonces que el valor del dinero y el de las palabras, será siempre favorecido en tanto lo que representen constituya en sí mismo un valor considerable. Si mi mensaje es de poco valor de nada servirá agregarle un 25% más de palabras al discurso, porque aparte de decir menos lo haré con más palabras.
Cuando lo que se tiene es un discurso pobre lo que se debe cambiar no son las palabras en sí, sino esa otra cosa que está encargado de representar y esto, oiga usted, es una verdad como una casa y además harto conocida por los que pueden hacer algo al respecto, pero de la que ninguno -especialmente de ellos- quiere hablar.
Triste, es verdaderamente muy triste, por muchos billetes de 100 que vea ahora en su billetera, que dicho sea de paso -me atrevo a afirmar- de seguro no serán muchos.
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2 comentarios:
Filosofía clara y estética. Me parece brutalmente pedagógico a la vez que preciosamente irónico y hasta poético en cierto nivel. Si las cosas las explicaran así, seguramente tendríamos menos palabras inútiles y más dinero con real valor.
En este texto falta el enlace a la noticia por la que lo escribí. Ya lo pondré. Lo bueno, es que tal y como está se entiende.
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