Leo en un artículo que un caballero de 25 años murió a causa de 7 impactos de balas. El asesinato es el susto que -por favor- había pedido su novia a unos amigos le dieran al chico, por haber publicado fotos privadas de ambos en Internet.
Lo que hasta aquí no se puede poner en duda es la amistad de la chica con sus amigos, quienes como valor agregado, en vez de uno le dieron 7 impactos al hombre. (Impactos de balas, eso sí. Pero impactos al fin). Así pues, hoy en día la dama se puede dar el doble de complacida porque a aparte del favor concedido, tuvo sin querer la oportunidad de sellar con sangre una amistad entre quienes de aquí en adelante -se presagia-, tendrá muchas cosas en común.
Con respecto al resultado, hay quien dice que la chica no quería llegar tan lejos. Hipótesis cuestionable porque a menos que quieras exactamente lo contrario, de la misma manera que no se te ocurriría nunca pedirle a un tigre que fingiera atacar a un jabalí, no le pedirías a alguien que tiene un arma de verdad que simule –por favor- usarla en escenas de mentira. Claro que eso –hay que aclarar- lo pensamos nosotros. Los mismos que generalmente no nos tomamos la licencia de dar escarmientos a nadie, ni pensamos que la mejor forma de resolver problemas sea dar sustos y mucho menos, que incluyan armas.
Dicho esto, la hipótesis ahora no parece tan disparatada. Probablemente es cierto, la chica no quería llegar tan lejos. Aunque si la cuestión es así, todo el asunto se reduce a una cosa de niños.
El cuadro general es inquietante. El novio era un Policía Nacional que publicó fotos íntimas en internet, una actitud inmadura en toda regla: esa que diluye la línea que divide lo pertinente de lo que no lo es. La novia, que a juzgar por sus intenciones y los favores que pide, comparte esa actitud infantil. Y sus amigos, incapaces de decir no ante semejante petición, desde luego no son mucho más maduros.
Uno de los problemas de una sociedad inmadura, es que es una sociedad potencialmente violenta, en el sentido de que desconoce el procedimiento lógico de resolución de conflictos y posee una sensación individual de omnipotencia –propia de la época infantil- bastante peligrosa.
Lo alarmante de los 3 casos aparte de la inmadurez, es que legal o ilegalmente, directa o indirectamente, todos tenían acceso a armas de fuego y como es bien sabido, generalmente no se tiene un arma para no usarla. La necesidad que impulsa a la adquisición de una, frecuentemente es la misma que impulsa a usarla una vez que se tiene. (Como el tigre de antes, que no tiene garras y colmillos para nada).
No saber controlar impulsos agresivos –naturales- de pequeños es algo. No saber controlar impulsos agresivos de adultos –igual de naturales, pero distintos en proporción- y manejarlos como si de un niño chico se tratase, es otra cosa.
Del caballero podría creer que ha muerto para renacer y vivir una segunda oportunidad de disfrutar –en el momento adecuado- el temporalmente justificado desconocimiento entre lo que es pertinente o no hacer. Pero no confío en ello.
Por lo demás, a la chica y a los amigos les espera la cárcel. Una cárcel, que para mal de males, es una cárcel Venezolana. Sitio que puede o no ser todo lo que usted se imagine, pero sin duda alguna, no es sitio para niños.
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