Henry Fuseli pintó en 1781 La Pesadilla. Allí escenificaba la intrusión de un demonio en el sueño femenino. No fue el único cuadro que pintó al respecto, pero sí el más emblemático de su interés en el tema. En la pintura una mujer está tirada, inconsciente y sensual y sobre ella, está un demonio en cuclillas. A la izquierda de espectador, un caballo.
Al ver la pintura se deducen el drama y el erotismo como intereses del artista, así como también el terror y lo nocturno. No obstante, si algo manifiesto hay en el cuadro es la particular inquietud del pintor por el tema principal. Se sabe que la parálisis del sueño es la molestia específica que se representa en la obra y cuando se la ve, se percibe fascinación hacia el asunto (que para entonces el saber popular atribuía a un demonio que se sentaba sobre quien dormía y le inmovilizaba). Algo incita a sospechar que muy probablemente Fuseli la padecía. En todo caso, que el fenómeno constituyese -por la razón que fuese- un foco de atención e interés en él, es incuestionable. De allí la preocupación y el afán por su reproducción.
230 años después, soy partícipe -por proximidad- de una conversación en la que un muchacho contaba que le había pasado algo muy raro; había tenido un sueño en el que alguien lo sostenía y no podía moverse sino hasta que la persona que lo presionaba se fue, -era desesperante y muy extraño, como si estuviera despierto- dijo y yo le entendí, porque eso a mí me pasa desde que tengo uso de razón. Es común -contesto- y la explicación es que tu cerebro sueña sin estar dormido del todo.
-¿Sí?
-Sí (...)
Él, con claro escepticismo hacia lo que digo y con muchas más ganas de hablar que yo, me contó que era primera vez que le pasaba esto y que a quien le había pasado era a su hermano, que cuando se despertó estaba todo rasguñado y nadie sabe cómo se lo hizo(...) También existe algo llamado sonambulismo -le cuento- a lo que responde con evidente convicción: a mi me habían dicho que eso sucedía cuando las brujas se enamoran de un hombre y lo fastidian mientras está durmiendo(...) Me callo y le miro sin prácticamente ningún gesto en la cara, a lo que reacciona: eso dicen, hace una pausa y continúa con su explicación.
Y aunque parezca mentira, yo en esa conversación, ni hablaba con un pintor, ni había retrocedido a la Europa de 1781. Estaba en el 2011, en una Universidad, en la Facultad de Ciencias, hablando con un estudiante de 9no semestre de Psicología, en medio de una anécdota que me habría gustado -de ser posible- escuchar hace 2 siglos atrás, o como mínimo de la boca de un artista inspirado a punto de iniciar una importante obra; el cuadro donde reproduce el más explícito reflejo de una psique hundida en un alucinatorio mundo interno siempre al servicio del arte y no de boca de quien debería estar al servicio de la ciencia, que cuando se topa con lo que le dará de comer mañana, pareciera que habla de los deseos sexuales de un suizo de creencias satánicas con sus mismas molestias oníricas.
Yo, por si acaso miro a los lados, no vaya a ser que me encuentre un caballo mal parado, mirando cómo hay veces que prescindiendo de demonios, la mente permanece inmóvil, sin importar cuanto gire el mundo alrededor.